LA CRÓNICA
Deportes

Correr en Quito se mide por el aire, no por un récord de otros

Corredor de espaldas en un parque, con montañas al fondo

La altura cambia el paso. Esta nota no publica marcas ni planes de entrenamiento: cuenta por qué el mismo parque no se corre igual que al nivel del mar.

Quito invita a correr porque el parque está cerca y la mañana es fría. También engaña, porque el aire de la altura no es el aire de la costa. El mismo tramo, con las mismas piernas, pide otra respiración. Quien llega de Guayaquil y sale al paso de siempre lo nota antes del segundo kilómetro, sin necesidad de un reloj que lo confirme.

No hay en esta nota un récord, un pulso ideal ni una tabla de entrenamiento. Esos números, cuando sirven, los da quien conoce al corredor, no un periódico. Lo que sí se puede decir sin medir a nadie es el orden de las precauciones ordinarias: salir cuando hay luz, avisar a dónde se va, bajar el ritmo si el aire no alcanza, y no tratar el primer día en la ciudad como una prueba.

Los parques ya tienen su propia gente a esa hora. El que corre allana el camino si no ocupa toda la vereda y si entiende que la altura no se negocia con orgullo. El paisaje ayuda. El pulmón manda.

La Crónica no está dando una rutina ni una advertencia médica. Está describiendo un hábito visible de la ciudad: se corre, se camina, se vuelve a casa. El resto del plan cabe en el cuerpo de cada quien, no en un titular.

Nota de la redacción: este texto es una elaboración de La Crónica. Se apoya en hechos de dominio público y no reproduce despachos de otros medios. No es asesoría financiera, legal ni de inversión. Publicado por Juensy Inc., 1209 Mountain Road Place NE, Albuquerque, NM 87110.