LA CRÓNICA
Cultura

La feria de libros se recorre por las mesas, no por el nombre del evento

Mesas de libros al aire libre, con los lomos fuera de foco

Usados, nuevos y de autor local comparten lona. El precio de cada uno lo dice quien atiende, no esta nota.

Una feria de libros, en una ciudad ecuatoriana, cabe en una cuadra: mesas, lona si amenaza lluvia, y gente que abre un tomo para ver si las páginas aguantan. Hay quien busca el título que no está en la librería del centro. Hay quien solo mira. Las dos formas de estar son válidas y ninguna exige un discurso sobre la lectura.

Esta nota no lista sellos ni precios. Cambian de mesa y de ciudad, y un número puesto aquí envejecería antes de que cierre la feria. Lo útil es más concreto. Mirar la edición, preguntar si está completo, y no confundir un puesto de usados con el estand de una editorial solo porque los dos venden papel.

Tampoco hace falta inventar la asistencia para decir que la feria importa. Si las mesas siguen al segundo día, alguien volvió. Si una ciudad la arma cada año, el hábito ya es el dato. El tamaño exacto de la cola es cosa de esa tarde, no de un archivo.

La cultura, en este caso, no está en el escenario. Está en la mesa. Quien se lleva un libro se lleva también la prueba de que el barrio todavía se detiene a hojear.

Nota de la redacción: este texto es una elaboración de La Crónica. Se apoya en hechos de dominio público y no reproduce despachos de otros medios. No es asesoría financiera, legal ni de inversión. Publicado por Juensy Inc., 1209 Mountain Road Place NE, Albuquerque, NM 87110.