LA CRÓNICA
Ambiente

La quebrada de la ciudad no es un basurero de paso

Quebrada urbana con piedras, hierba y un borde de concreto

Lo que se tira en la ladera aparece después en el río y en la calle, cuando llueve. No hace falta una cifra para ver el recorrido.

En Quito, en Cuenca y en cualquier ciudad con ladera, la quebrada parece un borde vacío: un hueco entre casas por donde baja el agua cuando llueve. No está vacío. Es el camino que usa la lluvia para salir del barrio. Si ese camino se llena de escombros, bolsas y tierra suelta, el agua busca otro, y el otro suele ser la calle.

No hay en esta nota un tonelaje ni un ranking de barrios. Esos números, cuando los publica el municipio, se leen en su informe. Aquí basta el recorrido, que cualquiera puede seguir con la vista: de la ladera a la alcantarilla, de la alcantarilla al río, del río a la noticia del sábado en que el estero se salió. El desborde no empieza en el río. Empieza donde alguien decidió que la quebrada aguantaba una bolsa más.

Cuidarla no es un programa con nombre. Es no usar el borde como botadero y avisar cuando un tubo o un muro ya tapó el cauce. La autoridad dirá después de quién es el predio. El agua no espera esa discusión.

La Crónica ya contó los ríos que se salen de cauce. Esta nota mira un paso antes. La quebrada seca de enero es el mismo conducto que en una tarde de octubre no perdona el escombro.

Nota de la redacción: este texto es una elaboración de La Crónica. Se apoya en hechos de dominio público y no reproduce despachos de otros medios. No es asesoría financiera, legal ni de inversión. Publicado por Juensy Inc., 1209 Mountain Road Place NE, Albuquerque, NM 87110.